Estíbaliz, una de las personas que desarrolla su tarea profesional en el Programa PISECO, contactó hace dos años conmigo para ver la posibilidad de introducir las Tertulias Literarias como un elemento más de la intervención llevada a cabo desde dicho Programa. Hablamos y enseguida nos pusimos manos a la obra. Tras realizar varias sesiones, Estíbaliz hizo una evaluación con las personas participantes y me comentó que estaban muy contentas y que desde su valoración profesional la actividad estaba respondiendo a los objetivos del Programa.
Desde entonces, y viendo que las evaluaciones seguían siendo positivas, no hemos parado de compartir lecturas y palabras, Porque eso es lo que hacemos: Compartir. En la sesión de hoy, en la que hemos compartido palabras con la lectura de “La nana de la cebolla“, de Miguel Hernández, unos párrafos del libro de Rosa Montero, “La ridícula idea de no volver a verte“, y dos cuentos: uno de Burkina Fasso: “La pelea de los lagartos” y otro de tradición oral, “Sopa de piedra“, hemos hablado, como siempre, de muchas cosas. Pero una de las que ha salido es la de que la única cosa que al compartirla no nos cuesta es el conocimiento. Y que, además de no costarnos nada, tiene otra propiedad maravillosa, que en vez de emprobrecernos, ese compartir nos enriquece. Claro que en esta ocasión el que más favorecido ha salido he sido yo, ya que me han adelantado el regalo del Olentzero y me he visto sorprendido y emocionado al abrirlo, cuando he hallado entre mis manos que la dádiva no era otra que “Los cuentos completos” de Roald Dalh, un clásico de la literatura infantil que hago extensivo a todas las edades. Además, el libro traía un cariñoso saludo con las firmas de las participantes. Todo un lujo.
Otro detalle. Probablemente, al ver la foto de las personas que hemos participado en la tertulia de hoy -algunas no han podido venir-, os sorprenda el sitio tan elegante en que nos reunimos. La cosa es que cuando iniciamos esta Tertulia, Estibaliz pensó que estos encuentros serían más productivos haciéndolos fuera de los locales del Programa. Para lo que buscó y halló un afamado bar-restaurante, Patxi Larrocha, que desde aquí aprovecho para recomendároslo. Habló con Iñaki, uno de los dueños del local, que aparece en la fotografía, y este nos dio toda clase de facilidades. Así que cada quince días nos juntamos en uno de sus salones para hacer nuestra Tertulia. Gracias Iñaki. Y gracias a todas esas maravillosas personas que hacen posible la magia de la comunicación que, al fin y al cabo, es lo que da sentido a nuestra existencia.